Hemos crecido con la idea manipuladora que necesitamos títulos de toda índole para demostrarle al resto y a nosotros mismos, que somos algo, que somos alguien. Que valemos. Que se nos debe tener en cuenta y respetar por lo que "somos", o mejor dicho, por lo que tenemos. Porque así, y sólo así tendremos éxito. O quizá sea la manera más efectiva a decir de la inmensa mayoría.
Estudiar en un colegio de categoría aunque no se lo pueda pagar, obtener título universitario, si es de una universidad prestigiosa y reconocida, mejor aún. Luego, sigue la maestria y el doctorado. Porque sin eso, no eres nadie, porque sin un título o varios, no vas a encontrar trabajo y nadie te va a pelar. Obvio, casarte y tener hijos, escribir un libro y plantar un árbol. Si no haces todo esto, fuiste. No vales. No seguiste la corriente y eso sí que es imperdonable. Next.
No importa el amor que no te dieron en casa, importa sólo conseguir a alguien que no te haga la vida cuadritos. Importa lo que tenemos, no lo que somos. Importan demasiado las apariencias, si eres reina o rey, si la hiciste linda en tu lugar de residencia, porque de otra manera no serás nadie en ningún otro lugar.
Sin embargo, hay mucha, muchísima gente que sin título universitario, sin colegio terminado, sin ser ni Miss ni tener contactos, tan sólo con creer en ellos mismos y en sus sueños y en su fuerza interior, y en que las oportunidades no se presentan una sola vez, sino las veces que las busquemos o las veamos.
Y ellos, los grandes soñadores, son los que dan vida al SER HUMANO.
Menos mal.

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